Es el Tiempo del Espíritu Santo

Tú y yo estamos viviendo en uno de los tiempos más emocionantes de la historia, para testificar acerca de Cristo con el poder del Espíritu Santo y para estar en el mover de Dios tan grande que se está manifestando sobre la tierra.

 

Habiéndose cumplido el tiempo destinado para el Antiguo Pacto, la historia del hombre fue marcada por la llegada del Nuevo Pacto con el nacimiento, el padecimiento, la muerte en la cruz y la resurrección de Jesús. Qué privilegio estar viviendo en este tiempo del Nuevo Pacto. Estamos en el cumplimiento de lo dicho por los profetas, de un pacto de gracia dado por Dios Padre mediante Jesucristo y la persona y poder del Espíritu Santo.

 

¿Cómo estamos siendo parte de este pacto? Siendo portadores de la presencia de Dios. Siendo una Iglesia que expresa el reino de los cielos sobre la tierra. Usando los dones de poder del Espíritu Santo, trayendo transformación a las personas, preparando y discipulando a los que creen en Jesús, influenciando nuestro entorno con los principios de Reino, mientras esperamos la segunda venida del Señor.

 


¿Qué quiere decir ser una Iglesia portadora de la presencia de Dios? Que en todo lugar donde estemos, en casa, trabajo, calle, en el bus y en cualquier lugar, tú y yo representamos al reino de Dios. Donde sea que estemos manifestamos quién es Jesús, el que resucitó y vive, y quién el Espíritu Santo, el dador de poder.
No podemos vivir indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor porque debemos hacer y marcar la diferencia. Porque la Iglesia de Jesucristo ha sido llamada como embajadora para vivir y poner en acción el poder sobrenatural de la resurrección, como demostración y prueba para toda persona del poder de vida que hay en Jesucristo con el Espíritu Santo.

 

¿Quién es el Espíritu Santo? Es la tercera persona de la trinidad y es Dios (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14). Posee inteligencia (1 Corintios 2:10-12; Romanos 8:26-27); voluntad (1 Corintios 12:11; Hechos 16:6) y emociones (Isaías 63: 10; Efesios 4:30; Romanos 15:13).
Puede ser tratado como persona: se le puede mentir y tentar (Hechos 5:3,4,9), resistir (Hechos 7:51), entristecer (Efesios 4:30), blasfemar contra él (Mateo 12:31).

 

El Espíritu Santo fue quien le dio vida a los discípulos cuando Jesús sopló su Pneuma (espíritu de vida) en ellos y lo recibieron (Juan 20:22). El que reveló en ellos la verdad de ser Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, para que creyendo tuvieran vida en Él para ser enviados por Él (Juan 20:21-23, 31).
También fue el regalo prometido por el Padre para recibir poder y ser testigos y para llevar a cabo la obra a la que Jesús comisionó a la Iglesia (Hechos 1:4, 5).
Para que esto sucediera, era necesario que Jesús (Dios Hijo) partiera. Por eso, después de la ascensión, nuestro Padre celestial envió al Espíritu Santo (Dios Espíritu), bautizando a sus hijos con poder para ser testigos de Jesús sobre la tierra (Hechos 1:8; 2:1-13).

 

Es imposible referirse al cristianismo en el Nuevo Testamento sin lo sobrenatural. Cada uno de los 28 capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles tiene hechos sobrenaturales. “Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo…” (Hechos 19:11).

 

Este es el tiempo de la iglesia para entrar de lleno a ese mover sobrenatural que nos da la persona del Espíritu Santo. A esa unción de poder para alcanzar a un mundo que pide hechos que confirman palabras. Este es el tiempo de los hechos del Espíritu Santo.

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