Fe

Fe para avanzar

Estamos en el umbral de una visitación fresca del Espíritu de Dios, acompañada de una poderosa cosecha de almas. ¿Qué nos corresponde hacer como Iglesia de Jesucristo? Actuar como el ejército de Dios que somos, recordando nuestra posición EN Cristo.

Primero, Reconocer. Reconocer nuestra responsabilidad de arrebatar al reino de las tinieblas lo que le pertenece al reino de Dios. Toda esta nación es de Dios y es la heredad que El nos ha dado a ti y a mí.

Segundo, Avanzar. Para avanzar se requiere fe. Una fe que no se debilite, sino que sea firme y que prosiga hasta el final. Tercero, Fortalecer. Necesitamos seguir fortaleciendo nuestra fe, hablándola, creyéndola, usándola como arma para pelear con ella con mis decisiones, mis palabras y acciones.

Preparándose el Apóstol Pablo para el final de su vida, explica en 2 Timoteo 4:7, “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he guardado (mantenido) en la fe”.
El secreto de ganar la batalla y terminar la carrera está en guardar mi fe. La guardo declarando, hablando, no dudando, obedeciendo, fijando mi mirada en Jesús y sus promesas (la palabra de Dios), porque es de él que procede nuestra fe. Jesús es quien perfecciona nuestra fe a medida que la usamos.

Para preparar tu Escudo de Fe y mantenerla fuerte :

1. Ora en el Espíritu Santo (Judas 20; 1Co.14:14): Al orar en lenguas, la fe crece y se eleva; nuestra santísima fe es construida piedra por piedra, palabra tras palabra, línea sobre línea (Is.28:10-12). La fe es refinada, santificada, porque el Espíritu, que conoce nuestra debilidad, nos ayuda, pide como conviene, intercede por nosotros los santos (Ro. 8:26).

2. Guarda tu corazón: de pensamientos impuros, furias, resentimientos, dureza. Debemos apartarnos de continuo de malos pensamientos y tener buenos pensamientos, pues lo que meditamos hoy controlará nuestra vida mañana y será reproducido porque el corazón es una máquina creadora (Prv. 23:7; 2 Cor. 10:5).

3. Guarda tus oídos: de la duda o los juicios de otros. “Fíjense en lo que oyen. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes” (Mc. 4:24).

4. Guarda tu lengua: de palabras ociosas, de quejas o chismes, de duda o incredulidad. La muerte o la vida está en nuestra boca, según como hablemos (Prv. 21:23; Mt. 12:36-37).

¡Levanta tu Escudo de Fe! ¡Guarda tu fe demostrándola con tus acciones y con tus hechos! “¿De qué le sirve a uno tener fe si sus hechos no lo demuestran?” (Stg 2:14-18).
Guárdala como si guardaras un terreno, el terreno de tu fe. No dejes que te sea arrebatada por incredulidad, duda ni temor. No dejes que se seque al no accionarla y declararla. Guárdala manteniendo la palabra de Dios delante de tus ojos, estudiándola, leyéndola, memorizándola y hablándola.
La visitación fresca del Espíritu Santo, acompañada de una poderosa cosecha de almas, será el resultado de un evangelismo del poder de la fe.

Apóstol Marcela de MacMillan

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