¡Gaitán es importante porque vivió, no porque lo mataron!

“Oídme bien: Revolución no significa demagogia y desorden, sino método, ponderación, equilibrio y avance. Nuestras masas siempre heroicas han iniciado la marcha de la victoria y nada ni nadie será capaz de detenerla”
Jorge Eliecer Gaitán.

Viernes 9 de abril de 1948 13:05 horas, el instante preciso en que la historia de Colombia cambiaría por siempre y para siempre. Han asesinado a Jorge Eliecer Gaitán, caudillo político, abogado, dirigente popular, y aspirante a la presidencia de la república para el año de 1950. El cuerpo de Gaitán se encuentra apostado en la acera contigua de la portada del edificio Agustín Nieto; en un ápice de segundo una muchedumbre rodea su cuerpo, lo auxilian presurosamente, unos ayudan a ingresarlo a un taxi negro mientras otros recogen como pueden la sangre tibia que aún cubre el pavimento. El jefe único del partido liberal es trasladado a la Clínica Central donde poco después muere, mientras tanto un centenar de sus adeptos aguardan alrededor de la misma un parte médico. Su homicidio se ha convertido en el catalizador de la insurrección popular colectiva de mayor preponderancia en la historia política y social del siglo XX en América Latina; con Gaitán murió la esperanza del pueblo colombiano inerme ante el abuso imperante los opresores de antaño, han silenciado a Gaitán y con él Colombia ha enmudecido.

Para aquel entonces la violencia política y de clase se había tomado el país y el exterminio del movimiento Gaitanista contaba con centenares de víctimas, éste era el eje inequívoco de la confrontación, no la guerra bipartidista como se ha querido acuñar intentando tergiversar de forma subrepticia la historia para endilgarle otros orígenes al conflicto en Colombia. Todo ello en uso y abuso de los recortados e ignominiosos intereses de las familias políticas que han gobernado al país por más de una centuria. El gobierno nacional era inoperante y las mangualas de siempre se habían ocupado de radicalizar la brecha existente entre gobernantes y gobernados.
En aquella tarde, la más larga de todas en nuestra historia probablemente, los saqueos, la violencia y los incendios no se hicieron esperar. Premeditadamente fueron liberados los presos de la penitenciaria; con la voraz intención de convertir la situación en una de sangre y fuego, de fuego y muerte, para así desvirtuar la lucha de quienes valerosamente defendieron la insurrección popular con su vida y hazañas tras tomarse las emisoras, los sitios del poder y las calles, haciendo extensivo al territorio nacional el grito enardecido y clamoroso de justicia; era la hora del pueblo, su bandera la restauración moral y el triunfo de las huestes Gaitanistas que eran en sí una mixtura de gentes pertenecientes a ambos partidos, entendiendo que, como decía Gaitán: – El hambre no es liberal ni conservadora-.

Cuando Gaitán salía a la plaza pública, la gente confluía proveniente de los lugares más recónditos del país animados por sus deificas aptitudes y su liderazgo innato. Éste les manifestaba en tono justo todo cuanto necesitaban oír. Gaitán era fuego, era luz incandescente; cuando su voz se alzaba, la niebla de la fría Bogotá de los años 40 se rompía; era su tono vehemente, sus silencios pertinentes, la articulación de sus movimientos y frases precisas las que producían una fuerza avasallante capaz de hacer mella en todos quienes le escuchaban. Gaitán era medio, era puente, era axioma, era comandante y soldado de lucha a la vez, estaba llamado a dirigir multitudes jamás antes vistas, Gaitán era viento huracanado que amenazaba los intereses torticeros de la oligarquía, Gaitán interpretaba al pueblo, el pueblo se sentía interpretado por él, y la única forma de apaciguarlo era esa, la cobarde y por mucho que gire el mundo, la más atroz.

Año tras año, con la llegada del 9 de abril, el fuero interior de cada colombiano provisto de memoria y conciencia histórica –virtud excepcional en estos tiempos vagos- se detiene por un instante para evocar con honda pasión al tribuno del pueblo y la insurrección popular colectiva acaecida en ésta fecha. Hoy La evaluación de los hechos y la figura misma del caudillo ha sido violada y ampliamente desdibujada, pues su figura aunque histórica y provista de un valor político, científico y cultural de enormes dimensiones se ha tergiversado en el tiempo por innumerables razones y diversos agentes, todos apostados en orillas distintas del río cuyo cause, motor de pasiones y odios viscerales se representa en la figura de Gaitán, hombre de origen humilde quien en los albores del siglo XX se perfilaba como uno de los intelectuales más prominentes de su época y su clase. Muchos han sido los intentos para enterrarlo, muchas las artimañas que sin mesura han usado en la maniobra desesperada de hacer distinto lo evidente y cambiar lo inamovible. Por un lado están quienes presenciaron los hechos, o quienes por el atavismo heredado de sus antepasados han dado una versión de los mismos tergiversando la información como quien juega a un teléfono roto, estos primeros con ánimo indiferente quizás; los segundos encabezados en la persona del genocida presidente Mariano Ospina Pérez en contubernio con Scotland Yard ( agencia contratada en la época para estudiar el caso) precedido por el también mandatario Alberto Lleras y más recientemente, por el enfermo de vanidad y poder Álvaro Uribe Vélez en complicidad del prófugo ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo con apoyo de los paramilitares y obviamente de las oligarquías liberal y conservadora de hoy y siempre.

Cuando se habla de Gaitán es imposible no hacernos una imagen mental de su rigurosa y estructurada persona, como es inevitable también encontrarnos con el peyorativo termino “Bogotazo” con el cual se ha intentando a través de la guerra neurolingüística darle a éste importante acontecimiento una connotación diferente y vandálica, para desesperadamente enlodar la validez y actualidad de las ideas de Gaitán, quién vale decir era un hombre de ciencia, no un demagogo politiquero como los que en el presente regentan nuestros destinos. Su pensamiento y su ideario eran coherentes con su estructurado cuerpo orgánico de doctrina – el positivismo relacional- el cual fue construyendo y del cual poco se conoce; su hija Gloria Gaitán mujer de excepcional inteligencia ha dedicado su vida a preservarlo y estudiarlo, en medio de una lucha de difícil trasegar que ha enfrentado con gallardía y enorme dignidad.
Hoy por hoy, el cuerpo de Gaitán se encuentra sembrado y no enterrado, en la que fuera su casa del barrio Santa Teresita en Bogotá, está de tal manera porque es semilla y no cadáver; su cuerpo fue acompañado por elementos simbólicos de la lucha de pueblos por la justicia: cenizas de la cremación de Gandhi, una piedra de la tierra de Sandino, arenas de playa Girón y un machete del Urabá Antioqueño; Su frente está orientada hacia la Quinta de San Pedro Alejandrino donde cesó la vida del libertador Bolívar; el rito fue saludado desde el cielo por un helicóptero que arrojaba claveles rojos sobre el lugar mientras el presidente Barco ponía la primera palada de tierra traída de todos los municipios de Colombia. En la actualidad la casa museo Jorge Eliecer Gaitán está en manos de la Universidad Nacional, cómplice del memoricidio histórico del que ha sido víctima su legado y su propia familia, orquestado por las altas esferas del poder político. El museo no habla de la vida de Gaitán ni de sus ideales que es lo que a los colombianos debería importarnos. Soterradamente se han encargado de vendernos su muerte como el único referente de su existencia, situación que hace más pobre la concepción política, social y cultural de este país desmemoriado que todo perdonó y que todo ha olvidado. Las generaciones presentes conservan en el subconsciente lo que llamara Gaitán un “quiste psicológico” que les impide conocer la verdad y adentrarse en él como el hombre brillante
que era y quien premonitoriamente diría: “si me matan, el país se vuelca y las aguas demorarán 50 años en regresar a su nivel normal”. Y en efecto así fue, hoy 71 años después de su homicidio que catalizó aún más la violencia que ya se venía viviendo en el país las aguas no han vuelto a su nivel normal, mientras tanto sus asesinos entre los cuales se encuentra el gobierno Americano en cabeza de la CIA con la llamada operación Pantomima, el propio gobierno nacional y gentes de otros sectores como el comunista se encargan de ocultarlo todo.
Hoy los invito a explorar a Gaitán, a comprobar la actualidad de sus ideas –amalgamadas al presente- a adentrarse en su historia particular, su conducta, su disciplina robusta, y su carácter democrático. ¿Estamos en la situación correcta, en el sistema indicado para ser agentes generadores de cambio y avanzar dejando a un lado la conducta errática de designación del poder? Es razonable entonces ponernos en pie de lucha para hacer de Colombia la meca de la democracia directa para por fin avizorar y convertir en realidades los anhelos populares, dejando atrás el rótulo de víctimas que nos margina y nos empobrece. La restauración moral y la reivindicación social serán entonces nuestra bandera, por todo ello: ¡A la carga!

Por: Iván Serrano.

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