LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS.

La Biblia es el único libro que predice el futuro con suprema confianza, precisa y correctamente. Es sumamente importante hablar de las cosas proféticas, pues un 37 % de la Palabra de Dios, alude a ellas.

 

2 Pedro, capítulo 3, hace referencia a predicadores – burladores -, que no creen en la Segunda Venida del Señor. Ello justamente constituye, conforme a Mateo 24, una  de las señales evidentes de su venida. Mateo 24 contiene el Sermón del Monte de los Olivos, esqueleto de la profecía bíblica. Allí Jesús menciona dos tipos de siervos predicadores de los últimos días que darán alimento a su Casa: un siervo fiel y prudente que, respecto a su pronta venida, prepara y da la comida apropiada, y otro malo que afirma su tardanza.

 

Cuando hablamos de la Segunda Venida, hablamos de dos etapas o eventos separados y diferentes. La primera etapa es el Rapto, cuando el Señor regresa del Cielo para recoger a su novia, la iglesia. Él nos levanta y somos transformados incorruptibles, inmortales, en nuevos cuerpos. Así las cosas, el Rapto es la resurrección de la iglesia. Entendemos este evento, a partir del significado de la boda judía; la cual no era en el templo ni en la sinagoga sino en las casas. Estamos legalmente casados con Jesús, bajo el Nuevo Pacto, mas aún no vivimos juntos. La boda está por celebrarse, cuando Él venga por su novia (parábola de las 10 vírgenes) y la lleve consigo a Casa, al Cielo (1 Corintios 15; 1 Tesalonicenses 4; Juan 14 y Apocalipsis 4).

 

Primeramente los que han muerto en Cristo, en los últimos 2000 años: actualmente en sus sepulcros, durmiendo; es decir, ausentes del cuerpo físico pero presentes con el Señor, serán resucitados primero, y luego, quienes estemos vivos, seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire. Todo ello en un momento – en un abrir y cerrar de ojos -. Tan rápido volaremos hacia el cielo que el diablo y sus demonios en la atmósfera no podrán detenernos.

 

Hoy, en la Gloria, hay personas que están en el espíritu. Es lo que conocemos como la nube de testigos, de los cuales habla Hebreos 12. Esta nube apareció en el Monte de la Transfiguración, y de allí salieron Moisés y Elías. Jesús viene juntamente con la nube de testigos a recoger los cuerpos sembrados en la tierra, de aquellos que nos presidieron, y seguidamente a quienes estemos vivos en Él. Unos y otros, seremos  transformados en cuerpos incorruptibles.

 

El predicar del futuro nos anima a vivir mejor en el presente; nos fortalece en la fe, en la veracidad y precisión de la Palabra de Dios, y en el ser hacedores de ella; pues quien tiene esperanza en la venida del Señor se purifica a sí mismo (1 Juan 3:1-3).  Ciertamente, cuando sabemos que el jefe está por venir, mejor trabajamos, mejor le servimos. Somos la generación Omega, la generación de los últimos días. El rapto se aproxima.

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