MULTIPLICACIÓN

MULTIPLICACIÓN DE OVEJAS

REPRODUCCIÓN Y MULTIPLICACIÓN

Cuando estudiamos los dos primeros capítulos de Génesis quedamos maravillados de todo lo que hizo Dios, organizó todo en sistemas complejos, cada especie con sus  estructuras internas para que pudiera reproducirse: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así” Génesis 1:11. Cada organismo tiene su propia estructura de ADN y puede reproducir únicamente su propio género, Dios creó todo perfecto y allí comenzó una  multiplicación de todo.

En lo espiritual hay un proceso de reproducción y multiplicación. Hemos recibido vida de Jesús por medio del Espíritu Santo (Efesios 2:1-6,10) y debemos imitarlo a Él. Antes de ascender al cielo Jesús dio la Gran Comisión a sus seguidores: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Marcos 16:15. Los discípulos obedecieron y comenzó la multiplicación, la cual vemos en el libro de los Hechos.

En este proceso es algo natural que las ovejas reproducen otras ovejas. Nosotros, los creyentes, somos las ovejas del Señor.

AMOR Y PASIÓN POR LAS ALMAS

Surge la pregunta: ¿Cómo podemos experimentar la multiplicación de ovejas en nuestras iglesias? Creo que antes de hablar o usar un método de evangelismo es indispensable que los creyentes tengan amor y pasión por las almas perdidas.

Moisés es un gran ejemplo de amor y pasión por su pueblo.

Cuando el pueblo de Israel cayó en idolatría y comenzó a adorar a un becerro de oro, Dios quería destruir a su pueblo, pero Moisés intercedió: “Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito” Éxodo 32:31,32.

Moisés se identifica con el pueblo se ofrece a sí mismo, por amor a ellos está dispuesto a quedar fuera de la presencia de Dios. Esto habla de un amor profundo y verdadera pasión por el pueblo.

Otro ejemplo es el apóstol Pablo. El afirma su amor y su angustia por el pueblo: “Que tengo gran tristeza y continúo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne”; Romanos 9:2,3. Pablo estaba dispuesto a quedar fuera del cielo e ir al infierno por la salvación de los judíos. El amor que Pablo expresa a los judíos es sobrenatural, es fruto del Espíritu Santo. Es el amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” 1Corintios 13:7. ¿Sabemos algo de este sufrimiento?

EL AMOR DE JESÚS

El Salvador derramó su alma hasta la muerte por el amor inmenso e infinito que tenía. Fue quebrantado, herido en su corazón, llevando el pecado de toda la humanidad.

Los que viven para sí mismos nunca encontrarán satisfacción en la vida. Necesitamos compartir el dolor y la agonía del corazón de Jesús por las almas.

 

POR: PASTORA MYRIAM DE CRAWFORD – IGLESIA FILADELFIA CENTRAL

 

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