OPORTUNIDAD DE ORO PARA LLEGAR A LA PRESIDENCIA

Nunca ha existido un panorama político y social más propicio para que un candidato cristiano aspire con seriedad y con argumentos a llegar a la casa de Nariño. Y esa persona se llama Viviane Morales. Aquí mis razones.

En primer lugar, es una dirigente que se ha desenvuelto en las arenas políticas de este país. Aportó ideas y proyectos importantes para el cristianismo desde la Asamblea Nacional Constituyente; luego estuvo en la Cámara de Representantes y después en el Senado donde libró no pocas batallas en temas cruciales y en contra de una jauría de congresistas que representan intereses personales o le hacen favores al gobierno o a entidades que los subyugan con coimas como lo hemos visto hasta la saciedad año tras año.

 

También cuenta en su trayectoria el haber sido designada como la primera mujer fiscal general de la nación con una destacada labor en materia de investigaciones y acusaciones contra delincuentes de cuello blanco. Solo una leguleyada la sacó de la Fiscalía.

 

Además de su tarea como connotada dirigente política, ha sido catedrática universitaria y ha trabajado como analista en algunos medios de comunicación, dos escenarios que le dan preparación y solvencia a la hora de enfrentar, por ejemplo, los debates, donde se requiere conocimiento y destreza para convencer a la opinión pública.

 

Otra razón por la que creo que estamos frente a una oportunidad dorada para llegar a la presidencia de la república es que un gran número de electores saben que no tienen que escoger entre Petro y Duque, las dos orillas opuestas de esta contienda electoral.  Así las cosas, la opción de la doctora Viviane con mayor presencia en los medios, con participación en los debates, con el apoyo de Colombia Justa Libres, de La Misión Panamericana y de otras muchas iglesias y organizaciones, se consolida fuertemente y sin duda será una candidata que suba en las encuestas y se posicione como una contrincante a tener en cuenta para obtener excelentes resultados el próximo 27 de mayo.

 

Creo que lo hecho por el candidato cristiano Fabricio Alvarado en Costa Rica, quien ganó al aspirante del oficialismo en la primera vuelta, pero perdió en la segunda es un campanazo de alerta sobre lo que puede hacer un pueblo de creyentes unidos y convencidos que, si no llegan al poder, otros que defiendes causas y convicciones torcidas terminarán gobernando e imponiendo sus caprichos y, con todo respeto, aún sus perversiones.

 

La influencia creciente de comunidades LGBTI en todas las áreas del gobierno, la corrupción rampante para el manejo del dinero público, la amenaza de un comunismo socialista que busca desangrar al Estado a punta de subsidios para mal acostumbrar a la gente y así perpetuar en el poder a unos cuantos vividores, no son un cuento de hadas, son una amenaza real que hay que enfrentar.  Como se puede deducir hasta aquí, hay candidata con trayectoria y experiencia, hay ambiente para apoyarla y hacer causa común en torno a sus propuestas, hay consenso en otros líderes políticos cristianos para respaldarla y hay gente, un creciente número de creyentes que sumados perfectamente podrían poner presidente.

 

El único peligro que veo para cristalizar este sueño y que va a medir la madurez y el criterio del voto evangélico, es el llamado voto útil, es decir el que al final, el elector podría considerar que su candidato o candidata es bueno, tiene programas con los que se identifica, pero considera que no va a ganar y entonces vota por quienes van punteando en las encuestas y cree que va a ganar.

 

En este juego del voto útil cuentan las encuestas, los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, y las maquinarias, que afanadas por definir la presidencia en primera vuelta tratarán de hacer ver que no hay si no dos o tres opciones.

 

Es importante advertir que como ocurre en todas las elecciones, iglesias y organizaciones cristianas van a ser tentadas a dar su voto por cualquier otro candidato a cambio de tejas, cemento o ladrillo o a cambio de

 

Cualquiera otra dádiva, sin importar que está en juego la seguridad de Colombia con un ambiente sano y libre para predicar el evangelio, para frenar prácticas corruptas y para poder influir positivamente en la construcción de principios y valores, comenzando por la protección de la familia.

 

¡Que Dios nos guíe para saber elegir!

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