¡Que haya en Colombia un Pentecostés!

Hay un anhelo que arde en mi corazón para Colombia en este tiempo: yo tengo hambre por ver avivamiento en Colombia. Anhelo un derramamiento del Espíritu Santo para que como en el nacimiento de la Iglesia (Hechos de los Apóstoles) vayamos por todas partes siendo “portadores” de su gloria. ¿Para qué? Para transformar, dando esperanza y demostrando su poder transformador. Para ser la expresión de su gloria en compasión, amor y vida para tu familia, comunidad, ciudad y las naciones.

 

El derramamiento del Espíritu Santo no es un evento sino es el poder continuo de Dios sobre nosotros para caminar en Su presencia extiendo el reino de Dios en el poder de la verdad de Su Palabra.

 

¿Por qué necesitamos un derramamiento del Espíritu Santo? La persona del Espíritu Santo es quien hace posible traer el cielo, la voluntad, el poder y el gobierno del Todopoderoso Dios a la tierra.  Es él quien hace que sea visible y palpable la expresión y la manifestación misma de la esencia de Dios. Hace que podamos ver Sus prodigios y milagros. El Espíritu Santo hace que experimentemos física y espiritualmente el poder y el peso de Su presencia, que entendamos nuestra convicción de error, pecado o desobediencia para que con su guía amorosa tengamos actos de obediencia. Nos permite comprender intelectualmente, por medio de nuestro espíritu, las verdades eternas de Dios reveladas para recibirlas y darlas a un mundo tan necesitado de Él.

 

Es quien hace posible que nuestra condición humana finita se convierta en condición de vida por la ley divina, que está por encima de la ley natural que nos gobierna en este mundo.

 

El derramamiento del Espíritu Santo sobre la tierra traerá avivamiento y transformación de ciudades y naciones. Nos dará el poder para manifestar la gloria de Dios sobre la tierra con prodigios, señales y milagros para que proclamemos el Evangelio con poder en el mundo entero.

 

En Hechos 2:16-19, el Señor confirma la promesa del Espíritu Santo: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán…”.

 

Creo y declaro que ES AHORA EL TIEMPO de un despertar en Colombia. De un pentecostés del Espíritu Santo para caminar, de manera más consciente, en la presencia de Dios, en lo sobrenatural de Dios, en los imposibles de Dios.

 

Si tú también lo crees, oremos juntos:

 

¡Señor, que en Colombia haya un Pentecostés!

 

Oramos que esta generación abra sus ojos y oídos para no dejar pasar tu visitación.

 

Espíritu Santo, clamamos que despiertes a tu Iglesia, que despiertes a Colombia. Danos una gran cosecha de almas.

 

Que nosotros, nuestros hijos y nietos recibamos el refrigerio en el Espíritu Santo y sirvamos al Dios de Israel.

 

Que en Colombia haya una restauración profética de familia, gobierno, educación, iglesia, economía, ciencia, artes, comunicaciones y tecnología.

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