REFLEXIONES EDICIÓN 214 PARTE 1 – PERIÓDICO VALORES CRISTIANOS

LA FELICIDAD SEGÚN DIOS

 

Cierto día un joven estudiante y uno de sus profesores caminaban por un parque. En el trayecto, vieron un par de zapatos en la grama, junto a un abrigo. Razonaron que pertenecían a uno de los obreros de una industria cercana.

 

“¡Vamos a hacerle una broma al dueño de esos zapatos!”, sugirió el joven. “Los esconderemos y veremos cómo reacciona cuando venga a buscarlos.”

 

“No me parece una buena idea”, dijo el profesor. “Te propongo algo mejor.” El rostro del joven expresó interés. ¿Qué podía tener en mente el profesor?

 

“Tú tienes recursos que él necesita. ¿Qué tal si colocas una moneda de valor en cada uno de sus zapatos? Luego nos esconderemos para ver cómo reacciona.

 

Así se hizo, y los dos hombres se escondieron. Entonces apareció el dueño del par de zapatos. El hombre se puso uno de los zapatos. Al sentir un objeto que le molestaba, se lo quitó, sacudió el calzado y vio caer un objeto a la grama. ¡Era una moneda! Miró alrededor por si había alguien, pero al no ver a nadie, se puso el otro zapato. De nuevo sintió algo duro. ¡Otra moneda! De inmediato, el hombre dio gracias a Dios. En voz audible agradeció porque ese dinero serviría para alimentar a su familia en un momento difícil por el que estaban pasando.

 

Mientras tanto, detrás de los arbustos, un jovencito aprendía que es mejor hacer el bien que hacer el mal. «Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuide su lengua de hablar mal y sus labios de decir mentiras; aléjese del mal y haga el bien, busque la paz y sígala» 

Hoy es un buen día para aplicar esta receta: no hablemos mal de nadie, ni hagamos mal a nadie. Busquemos el bien y hagamos el bien. En eso, según Dios, consiste la felicidad.
– 1 Pedro 3:10 – 11

VIVIR COMO LAS FLORES

 

– Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro.
– ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
– Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

– Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo, son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

 

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse…
Ejercita entonces, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien. Ésto, es vivir como las flores.

 

EL JUICIO

 

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El culpable era una persona muy influyente del reino, y por eso desde el primer momento se procuró hallar un chivo expiatorio para encubrirlo.

El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la horca. El juez, aunque también estaba confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino”.
Por supuesto, el perverso funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “Culpable”.
La víctima, aun sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el sistema era una trampa. Cuando el juez lo conminó a toma uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se lo metió a la boca y lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.
—Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto?
—Es muy sencillo —replicó el hombre—. Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.
Con refunfuños y una bronca muy mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

“Nunca dejemos de luchar hasta el último momento. En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”
– Albert Einstein 

LA CAVERNA

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía:

 

“Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal”.

 

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente. “Tienes solo cinco minutos”

 

Agotados los cinco minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró. Recordó, entonces, que el niño quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre.

 

¡La riqueza duró poco y la desesperación… para el resto de su vida!

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 70 años para vivir en este mundo, y una voz siempre nos advierte: “Y no te olvides de lo principal”.

 

Que es para ti lo principal: Dios, la familia, los hijos, los padres, los amigos, la dignidad, la virtud, la integridad, los valores, etc. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado.

 

Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial – “Los tesoros del alma”.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *