REFLEXIONES I

El fósforo y la vela

Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:

  • Hoy te encenderé.
  • ¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad de esas.
  • ¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.
  • ¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.

 

Entonces respondió el fósforo:

  • ¡Tienes toda la razón!. Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.

 

Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.

 

Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:

  • ¡Por favor, enciéndeme!

 

Y así produjo una linda y brillante llama.

 

Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.

 

Recuerda que “mar calmado no hace buenos marineros”, los mejores son revelados en las aguas agitadas.

 

Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que servir y compartir el amor es el combustible que nos mantiene vivos.

 

¡Tú, que fuiste hecho a imagen y semejanza de Dios, eres la luz del mundo y tu misión es irradiar esa luz!

 

Nunca olvides que siempre debemos ser luz. Una luz que guíe, no que opaque o ciegue.

 

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:14-16)

Victoria después del fracaso: Abraham Lincoln

Todo lo que tuvo que atravesar Abraham Lincoln para lograr ser el decimosexto presidente de Estados Unidos no fue fácil, el fracaso continuo que vivió por años no lo llevó a desanimarse. A los 7 años empezó a trabajar para ayudar al sostenimiento de su familia después que tuvieran que abandonar su casa, a los 9 años su madre murió, a los 22 fracasó en su negocio, a los 23 fue derrotado en las elecciones de legislador y no pudo entrar a la facultad de derecho, a los 24 años se declaró en bancarrota y pasó 17 años pagando deudas a sus amigos, a los 25 años fue derrotado nuevamente en las elecciones de legislador, a los 26 cuando estaba a punto de casarse su novia falleció y quedó con el corazón destrozado, a los 27 enfermó gravemente, tras una crisis nerviosa pasó 6 meses en cama, a los 29 años fue derrotado en las elecciones para representante de Estado, a los 31 no pudo formar parte del Colegio Electoral, a los 34 años fue vencido en las elecciones al congreso, a los 37 fue derrotado nuevamente en las elecciones al Congreso, a los 39 años fue derrotado por tercera vez en las elecciones al Congreso, a loa 40 no fue aceptado para un trabajo como alto funcionario del Estado, a los 45 años fue vencido en las elecciones para el Senado, a loa 47 fue derrotado en las Elecciones del Partido Republicano para candidato a Vice-Presidente del país obteniendo sólo 100 votos. A los 49 años una vez más fue derrotado en las elecciones para el Senado y al fin a los 51 años logró ser elegido Presidente de los Estados Unidos de América.

 

A pesar del continuo fracaso de Abraham Lincoln nunca se dio por vencido y persistió hasta lograr su objetivo, convirtiéndose en uno de lo más reconocidos presidentes de la historia de Norte América. Afrontar el fracaso y persistir nos puede convertir en personas más fuertes y ver nuestras propias debilidades, a la misma vez nos ayuda a mejor, pero sino lo afrontamos simplemente nos hará desistir de todo. No desistas de tu sueño persiste ante el fracaso, Dios está a tu lado y te dará la victoria.

 

De lo imperfecto a una obra de arte

Después de una fuerte tormenta, un árbol frondoso y centenario cedió y cayó quedando con las raíces de fuera, casi al instante un leñador que andaba cerca en el bosque llegó y comenzó a cortar la madera. Era tan grande el árbol que aquel leñador necesitó de la ayuda de sus compañeros.

 

Al final logró obtener la mejor madera del árbol, solo la parte del tronco con las raíces quedó sobrando, el leñador decidió llevarlo a su casa, aunque le pareció que no serviría de mucho. Pasaron los días y aquel tronco estaba tirado, soportando el sol y la lluvia en las afueras de la casa. Un día pasó un hombre y vio aquel tronco, se acercó y le preguntó al leñador si podía vendérselo. El leñador le contestó: este tronco no me sirve para nada, se lo regalo, puede llevárselo.

 

En el momento aquel hombre pidió que le llevaran ese tronco a su casa y agradeció al leñador por el gentil regalo. El hombre era un importante escultor. Al tener aquel rústico tronco en su casa, comenzó a tallarlo y esculpirlo, tardó días y logró hacer una hermosa obra de arte que llegó a venderse a un precio impensable.

 

El escultor vio más allá de lo que todos podía ver en aquel pedazo de madera, vio lo que podía llegar a ser después de transformarlo: una obra perfecta.

 

Tenemos que recordar que Dios ha visto en nosotros algo que nadie ha podido ver. Al enviar su Hijo a dar su vida por nosotros nos mostró el verdadero valor que tenemos. Valemos la sangre del Hijo de Dios, él pagó en aquella cruz todo por nosotros y con su gracia nos sigue perfeccionando diariamente hasta hacer su mayor obra de arte en nuestras vidas. Si quizás has vivido pensando que no vales nada y todos te han excluido, no olvides que Dios ha dado todo por ti y para Él tú vales mucho. Él será fiel en perfeccionar su propósito en tu vida.

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