siervo

LA PARÁBOLA DEL SIERVO MALVADO III. MATEO 18: 21 – 35

No olvidemos la dimensión del perdón de Dios para con nosotros, en Cristo Jesús. La parte que el consiervo del siervo malvado le debía a éste era una millonésima parte de la que aquel le debía al rey.

Allí también se ve su amor al dinero, raíz de todos los males (1 Timoteo 6:10). Es una  locura no perdonar; es ser muy ingrato con el Señor; es inexcusable con Él no hacerlo. Hemos sido perdonados tanto, cómo no perdonamos algo. Es lo mínimo que podemos hacer. Perdonar es lo correcto. La falta de perdón termina, pasado un tiempo, siendo peor que la ofensa cometida.

 

Tanto hemos pecado, de pensamiento, acción, omisión, actitud, mal uso del tiempo, de tesoros, talentos y privilegios; negligencia en el cumplimiento de nuestros deberes y en el cuidado de nuestra salud, bendiciones mal usadas, acciones incorrectas contra el evangelio. ¡Cuántas cosas! Ciertamente la parte carnal del hombre, que sometemos a veces, es muy pecaminosa. No olvidemos: Dios todo lo sabe y a Él daremos cuenta (Hebreos 4:13). Hay siete dispensaciones o administraciones de Dios con el hombre, y cada una de ellas termina con el fracaso de éste, lo cual resalta nuestra necesidad de la misericordia de Dios; aún en el Milenio, con el Rey gobernando, el hombre termina en rebelión.

Desarrollemos compasión y no seamos legalistas, exigiendo justicia sobre otros. Aprendamos a perdonar y a actuar en perdón, pues el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por su Santo Espíritu (Romanos 5:5). Nunca deseemos a otros lo que merecen por el mal que hicieron. Asimismo nunca debemos orar: “Señor dame lo que merezco”, pues si es por eso nuestro destino sería el infierno. Sólo confiamos en sus bondades y misericordia que son para siempre, siendo igualmente para con otros misericordiosos y perdonando como Él nos perdonó (Efesios 4:32), pues el amor de Dios es incondicional, y sin límite podemos perdonar.

La falta de perdón en una iglesia engendra un mal ambiente, y tristeza entre los consiervos.  No despreciamos la benignidad de Dios que nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4)  No es correcto decir amo a Dios y no a mi hermano (1 Juan 4: 20 – 21)

DOS COSAS QUE A DIOS NO LE GUSTAN

  1. La falta de fe. No creer en Él y en su Palabra, cuando Él siempre ha sido fiel. Si tú crees, Él cumple siempre. No hay razón para no creerle a Dios.
  2. El no tener misericordia con otras personas. Amargura y falta de perdón llevan a prisión de maldad, a falta de libertad y de victoria. Mantengámonos en el Reino de la Luz. Si quieres buenas relaciones en la vida, aprende a ser misericordioso y a perdonar.

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