Vengan a desayunar (parte 2).

 

El relato del apóstol escritor continúa y en su memoria tiene muy presente la siguiente escena. Después de dl desayuno, Jesús se toma el tiempo necesario para que las cosas se hagan debidamente, sin el afán de las comidas rápidas de nuestro tiempo; este Gran Mentor que por tres años y medio ha estado al lado de sus discípulos, luego de resucitado se mantiene en su tarea de formación. Hay una lección más antes de partir al  lado de su Padre Celestial. Y es una lección de vida eterna. Llama a Pedro a un lado mientras los compañeros están reposando el desayuno.

 

Es el momento de la prueba del ICFES,  para los estudiantes de secundaria; del ECAES para los universitarios. El examen de vida cristiana para los apóstoles y el primero en pasar con el Maestro es Pedro. Es evaluación oral, de actitud, de aplicación a la vida cotidiana, toda va en esa pregunta. Me sorprende como el Maestro logra sintetizar todo el conocimiento impartido, transmitido y ejemplificado en una sola pregunta, que toma al apóstol un poco despistado. El Maestro llama al apóstol a una evaluación. Luego de tres años y medio de caminar con el maestro, de escuchar sus enseñanzas.

 

Y aquí es clave leer lentamente el texto. Lo más seguro es que como los siete apóstoles son hebreos de Galilea, entre ellos acostumbran hablar en lengua aramea, pues el idioma hebreo considerada lengua sagrada está reservada para los actos considerados sacros o religiosos, es decir para usarla cuando se trata de las cosas de Dios, en el templo, en la sinagoga, en las fiestas al leer el Tanak, en la cena de la pascua al referirse a la historia de Israel.

 

Sin embargo, el relato nos es entregado en  griego, el lenguaje más popular de ese tiempo. Entonces es importante tomar en cuenta las palabras usadas. Jesús pregunta en griego: “Pedro me amas más que estos”, y utiliza la palabra agapas,  una conjugación del agape, que se refiere al amor desinteresado, el que no pide nada a cambio, el que está dispuesto a vaciarse con tal de beneficiar o bendecir, o de agradar, o de buscar hacer sentir bien al otro. Lo define muy bien el apóstol Pablo enseñando a los Corintios “no busca lo suyo”, además de otros muchos calificativos.

 

Jesús le dice al apóstol: mira Pedro, yo te he demostrado que con mi Padre estuvimos dispuestos a darlo todo por la humanidad, eso te incluye; ahora estoy resucitado, pero di mi vida por ti, lo entregué todo sin reserva. Ahora mi amigo en estos tres años y medio has sido testigo de esa demostración de agape. Te reto a que me respondas si has aprendido algo y si has entendido, si has crecido en esta medida del agape. Quiero que te parezcas a mi en todos los aspectos, y este es clave para lo que continúa hasta la vida eterna. Puedes amarme con este amor desinteresado que está dispuesto a renunciar a todo? Cómo responderíamos nosotros, pues Pedro es totalmente sincero y es que ante el Maestro, Pedro mismo reconoce que Jesús lo sabe todo y conoce todos los niveles de amor que él pueda haber desarrollado. La respuesta de Pedro a nosotros mismos nos sorprende, vamos a verlo también en griego.

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